
La humildad es una herramienta que cada día nos ayuda a crecer más en la vida es un paso que cada día lo vamos dando poco a poco.
Es lo que aplica a la persona que tiene la capacidad de restar importancia a los propios logros y virtudes y de reconocer sus defectos y errores.

Es la actitud en una persona que no le permite presumir sus logros frente a otros, jactarse con sus victorias para humillar, para pisotear, es reconocer las debilidades que tenemos, reconocer nuestras fallas, nuestras equivocaciones y buscar en todo momento mejorar, es el opuesto del orgullo, es actuar sin discriminar a otros por lo que no son o no tienen. Por el contrario, es anhelar que otros crezcan, y enseñar lo que sabemos que los ayudarán a ser mejores. Es ser una persona humilde generalmente ha de ser modesta y vivir sin mayores pretensiones: alguien que no piensa que él o ella es mejor o más importante que otros. El concepto de la humildad en varias confesiones es a menudo mucho más exacto y extenso. La humildad no debe ser confundida con la humillación, que es el acto de hacer experimentar en algún otro o en uno mismo es avergonzarse de su sensación, y que es algo totalmente diferente.

La humildad es una de las cualidades más difíciles de encontrar hoy en día debido a que el mundo actual nos enseña a actuar de manera individualista o egocéntrica por lo cual las personas humildes siempre resaltan en la multitud.

Es considerada una cualidad importantísima para la convivencia en comunidad. También es de gran importancia en muchas de las religiones en las cuales el amor y la dedicación continua por el prójimo es la base de toda la doctrina. La humildad es una actitud que distingue a la persona por su dedicación y su servicio hacia los demás en lugar de centrar su actividad y su pensamiento sobre si mismo.
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